
Entre el desánimo del sector privado y la desconexión de la política, Esquel atraviesa una crisis social y comercial como hace años no se veía.
La palabra describe de manera contundente la realidad del sector turístico y comercial de Esquel: fulminados. Aunque pocos se animen a admitirlo públicamente en una comunidad históricamente conservadora, la situación social adquiere un dramatismo pocas veces visto. No se trata de un pesimismo infundado ni de un recurso efectista para llamar la atención; es el diagnóstico que, en silencio y con desesperanza, murmuran comerciantes y emprendedores que apenas asoman la cabeza esperando que pase un temporal al que nadie le encuentra salida.
La postal cotidiana en las calles habla por sí sola. Kioscos con estanterías semivacías, personas que buscan empleo aceptando retribuciones mínimas, y sueldos públicos que apenas alcanzan para cubrir los servicios básicos en un contexto donde los avisos de corte de luz y gas llegan con una rapidez abrumadora. En este escenario, la economía local se ha reducido a la subsistencia: funcionan los supermercados enfocados en la alimentación primaria, las farmacias —donde cada vez más vecinos postergan tratamientos esperando “que se les pase”—, y apenas un puñado de talleres mecánicos u obras públicas puntuales.
Mientras la actividad privada agoniza, la política local parece habitar un universo paralelo. Se enfoca en el reparto de lotes, gestiones populistas que replican viejas prácticas, disputas territoriales y el armado de estructuras pensando en el horizonte electoral de 2027. Si bien en el Concejo Deliberante se debaten iniciativas válidas sobre salud y prevención, la agenda legislativa suele perderse en declaraciones de interés cultural, obviando la discusión de fondo: la falta absoluta de un plan de desarrollo, generación de riqueza o financiamiento para salvar al sector productivo.
Para los privados no hay nada de nada: la respuesta oficial se limita a proyectar las expectativas en la temporada de tulipanes o en refinanciaciones al sector público para estirar los plazos electorales. A esta desconexión se suma el rol de la pauta oficial y el manejo de la información mediante gacetillas empaquetadas que intentan disfrazar la realidad. Mientras tanto, se aproxima el verano sin un plan integral claro para prevenir los incendios forestales que año a año amenazan a la región.
Esquel se encamina hacia un estado de desgano moral, depresión y falta de esperanza. En este contexto de asfixia al comercio, hoy más que nunca más de uno quisiera ser empleado público para contar con una mínima certidumbre. Este medio nació para poner en palabras una verdad insoslayable: basta con recorrer el centro y entrar a los negocios para constatar que la realidad no resiste más maquillaje. Es hora de dejar de esquivar los problemas y empezar a discutir soluciones de fondo.




